Luciano Darderi, un pibe de Gesell en el Top 10 de juniors

 
Este año ganó tres torneos sudamericanos juveniles y se metió entre los primeros 1000 del ránking ATP.

Tricampeón en Sudamérica antes de la cuarentena, top ten del ránking mundial junior de la ITF y uno de los cuatro jugadores más jóvenes de la historia en el Masters 1000 de Roma, Luciano Darderi es, para muchos, el ejemplo de lo que la Asociación Argentina de Tenis no debería hacer: retacearle apoyo a una joven promesa criolla y dejar que compita bajo otra bandera. Aunque participe como italiano, Luli es más argento que la Gran Willy y, con 18 años, el mejor tenista sub-20 criado en estas pampas.

Luli Darderi nació en Villa Gesell (donde hay una impresionante cantidad de canchas de polvo de ladrillo) y aprendió en el club Harrods, de Buenos Aires. Pero su expansión se produjo en territorio italiano, donde de chico empezó a viajar por su cuenta y con el apoyo incondicional de Gino, su papá. El triángulo Gesell-Italia-Tenis marca casi una tradición familiar: su abuelo llegó de Europa en los ’60 y mezclaba laburo con raqueta, su papá heredó el deporte y llegó a competir en torneos internacionales, y su hermano Vito, de 12 años, viene acumulando campeonatos en categorías infantiles. Semejante historia le interesó a un realizador tano para hacer un documental.

Tricampeón en Sudamérica antes de la cuarentena, top ten del ránking mundial junior de la ITF y uno de los cuatro jugadores más jóvenes de la historia en el Masters 1000 de Roma, Luciano Darderi es, para muchos, el ejemplo de lo que la Asociación Argentina de Tenis no debería hacer: retacearle apoyo a una joven promesa criolla y dejar que compita bajo otra bandera. Aunque participe como italiano, Luli es más argento que la Gran Willy y, con 18 años, el mejor tenista sub-20 criado en estas pampas.

Luli Darderi nació en Villa Gesell (donde hay una impresionante cantidad de canchas de polvo de ladrillo) y aprendió en el club Harrods, de Buenos Aires. Pero su expansión se produjo en territorio italiano, donde de chico empezó a viajar por su cuenta y con el apoyo incondicional de Gino, su papá. El triángulo Gesell-Italia-Tenis marca casi una tradición familiar: su abuelo llegó de Europa en los ’60 y mezclaba laburo con raqueta, su papá heredó el deporte y llegó a competir en torneos internacionales, y su hermano Vito, de 12 años, viene acumulando campeonatos en categorías infantiles. Semejante historia le interesó a un realizador tano para hacer un documental.

 
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“Nací en Argentina y mi infancia la pasé allá. En verano siempre vuelvo unos meses a Gesell. Que juegue para Italia es otro tema”, aclara Luli por teléfono desde Arezzo, una ciudad de cien mil habitantes a 80 kilómetros de Florencia. Ahí está con Gino y Vito entrenando en un club local y viviendo en un departamento alquilado. Con un presupuesto acotado y los riesgos de brotes y rebrotes de covid en toda Europa, la familia debe recalcular día a día los planes a seguir durante el resto del año.

Voleas de orilla a orilla

Después de cruzar el Océano Atlántico numerosas veces, en 2018 Darderi arregló formalmente con la Federación Italiana y el año pasado dio su paso fuerte jugando los Grand Slam juniors de Australia y Estados Unidos. Además alcanzó las semis del torneo sub-16 más importante del mundo, junto al histórico Orange Bowl de Miami: el Avvenire de Milan (entre cuyos campeones figuran Juan Del Potro, Guillermo Coria y leyendas como Björn Borg o Ivan Lendl).

Pero lo mejor parecía llegar para 2020: en verano ganó tres torneos al hilo del circuito juvenil ITF (en Ecuador, Paraguay y Brasil) y, así, escaló al puesto 8 del ránking. Fueron sus primeros trofeos en la categoría, donde hasta entonces había cosechado tres subcampeonatos. En ITF tiene un registro a respetar: ganó 75 de los 110 partidos que jugó. Como buen argento, su potencial se fortalece en el polvo de ladrillo (ahí obtuvo la mayor cantidad de victorias: 67). Recuerdos de la precuarentena, claro.

“Hicimos una pretemporada en Gesell, jugué esos torneos y nos fuimos a Italia con mi viejo y mi hermano. La pandemia nos agarró en Roma. Estuvimos encerrados tres meses, entrenando poquito y como se podía, casi escondidos, porque había hasta helicópteros controlando. Dormimos en un club, éramos los únicos y pedíamos la comida por Internet”, recuerda.

Recién en junio comenzó la lenta apertura y aparecieron unos primeros torneos entre clubes, por fuera de los circuitos profesionales, pero con la participaron de italianos en el Top 50. Luli lo tomó como una manera de empezar a medirse con adultos, comenzando así su salida de juniors. Llegó a cuartos de final en dos torneos, fue subcampeón en otro y ganó un par. Como recuerdo de ese rondín le queda un triunfo ante el experimentado Simone Bolelli, campeón del Abierto de Australia 2015 en dobles.

El año pasado ya había jugado dos campeonatos de mayores en Italia, este año otro en Croacia y en septiembre accedió a su primera cita de la ATP, el Challenger de Cordenons, donde le ganó al francés Antoine Hoang (127 del mundo). Eso le abrió una puerta soñada: jugar la qualy del Abierto de Roma. Con él, solo cuatro sub-18 en toda la historia habían conseguido competir en ese Masters 1000, antesala de los cuatro torneos más importantes, los Grand Slam.

Luli, número 980 del ranking ATP, le hizo buen partido al portugués Joao Sousa, 74 en ese escalafón: empezó ganando el primer set 6-3, aunque luego cayó 3-6 y 1-6. “Soy tenaz, tengo buen saque y buena derecha. Y además soy bastante temperamental, algo que a veces me juega a favor… pero otras, en contra. Trabajo para controlarlo. Además necesito dar un salto físico para no bajar el ritmo del partido ni darles ventajas a jugadores más grandes”, reconoce. Como sea, una experiencia inolvidable en el legendario Foro Itálico para un pibe de 18 años que en 2019 también había estado en el mismo torneo… pero desde las tribunas, tras pagar la entrada.

Su primer referente fue Juan Martín del Potro. Luego, Roger Federer. Y también el austríaco Dominic Thiem (“Aunque no por su tenis, sino por su constancia y actitud”, aclara). “Pero el que me enseñó todo fue mi papá”, remarca Luli. “Nos entrena a mi hermano y a mí, nos cocina, lava la ropa, está todo el día en función de nosotros. Prácticamente dejó su vida por la nuestra. Es el sostén de todo esto.”

La rutina de entrenamiento es intensa. “Me levanto a las 7, de 8 a 10.30 hago físico, luego tenis hasta el mediodía; almuerzo, descanso y de vuelta tenis de 14.30 a 16.30, después físico y cierro el día con fisioterapia y masajes.” Por eso, el finde relaja con la familia, pasean por el centro, desconectan. En los intervalos puede escuchar Daddy Yankee, 50 Cent, Jamiroquai, Michael Jackson, Red Hot Chili Peppers o Bob Marley. Y en la mesa de luz está un libro de Novac Djokovic que le enseña “a mejorar la parte física y mental”.

En el medio se abrieron dos obstáculos. El primero: ver cómo continuar el circuito, evaluando en función de los protocolos anti-pandemia de cada país. El plan es jugar un Challenger en Parma a fin de octubre y luego enganchar tres Futures para adultos en España, siempre y cuando el covid lo permita. Pero, por otro lado, necesita buscar sponsors para financiarse los viajes.

Unas diferencias en ese sentido con la Federación Italiana entreabieron la puerta a la posibilidad de volver a jugar representando a Argentina, país al que planea volver antes del próximo verano, tal como hizo en los anteriores. “Los gastos son todos en euros y tengo que jugar para el país que me trate de apoyar y quiera lo mejor para mi carrera“, reconoce Darderi. En uno de los torneos que jugó este año, luego de llegar a la final, el periodista que lo entrevistaba (en italiano, por supuesto) no pudo contener el comentario: “Se nota que sos argentino hasta en tu acento”.

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