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Detenciones de agentes, denuncias por torturas, problemas en la atención sanitaria y hasta investigaciones por estafas operadas desde las cárceles colocan nuevamente al Complejo Penitenciario Magdalena en el centro de serios interrogantes.
El Complejo Penitenciario Magdalena, uno de los establecimientos carcelarios más importantes de la provincia de Buenos Aires, atraviesa un escenario que excede ampliamente cualquier discusión sobre hechos aislados.
Las unidades 28, 35, 36 y 51 forman parte de una estructura penitenciaria de enorme peso para Magdalena. El propio Servicio Penitenciario Bonaerense informa oficialmente sobre programas educativos, talleres, actividades laborales, deportivas y culturales desarrollados dentro de estas dependencias. (GBA)
Sin embargo, detrás de esa agenda institucional aparecen hechos recientes de una gravedad considerable que obligan a preguntarse qué ocurre puertas adentro y, fundamentalmente, qué mecanismos de control están funcionando.
Quince penitenciarios detenidos en una causa por torturas y abuso sexual
El episodio más grave conocido recientemente ocurrió en la Unidad Penal N.º 51.
El 25 de agosto de 2026, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) informó que la Justicia había ordenado la detención de 15 funcionarios y funcionarias del Servicio Penitenciario Bonaerense, ocho mujeres y siete varones, en una investigación por hechos ocurridos el 3 de junio.
Según informó la CPM, los agentes quedaron acusados como autores o partícipes necesarios de delitos que incluyen torturas y distintas modalidades de abuso sexual agravado. La medida fue solicitada por el fiscal Álvaro Garganta y ordenada por el juez de Garantías Juan Pablo Masi. La causa continúa sometida al proceso judicial correspondiente y las responsabilidades definitivas deberán ser determinadas por la Justicia. (CPM)
La dimensión institucional del caso resulta particularmente relevante: entre las personas alcanzadas por la investigación aparecen autoridades y personal perteneciente a diferentes sectores de la Unidad 51. La CPM también informó que el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos bonaerense había separado preventivamente a diez agentes involucrados. (CPM)
Ya no estamos, entonces, solamente frente a una denuncia informal difundida desde el interior de una cárcel. Existe una causa judicial, medidas de detención y una intervención directa de uno de los principales organismos de monitoreo penitenciario de la Provincia.
La salud penitenciaria también quedó cuestionada
Los problemas tampoco comenzaron en 2026.
La Comisión Provincial por la Memoria inspeccionó durante abril y mayo de 2024 el complejo de Magdalena, donde entonces se encontraban alojadas alrededor de 4.300 personas.
Su Informe Anual 2025 describió deficiencias vinculadas con el funcionamiento de la atención sanitaria y señaló, entre otras cuestiones, que las guardias médicas no tenían la misma cobertura permanente que enfermería y que profesionales debían distribuir su actividad entre el centro sanitario y las diferentes unidades. (CPM)
La situación llegó incluso a los tribunales. En 2024, una resolución del Tribunal Oral en lo Criminal N.º 3 de La Plata intervino ante problemas denunciados en el sistema sanitario del complejo, particularmente en la Unidad 28. Entre las cuestiones señaladas aparecieron falta de profesionales, medicamentos e insumos, dificultades para concretar atención extramuros y condiciones cuestionadas en sectores de internación. (Andar)
Son antecedentes demasiado importantes para reducir el debate a una simple discusión sobre el funcionamiento cotidiano de una cárcel.
Estafas investigadas desde las unidades de Magdalena
A esta situación se sumó durante 2026 otra investigación completamente diferente pero igualmente preocupante.
En mayo se realizaron allanamientos en las unidades 28 y 35 en el marco de una causa por presuntas estafas telefónicas y digitales que, según la investigación judicial difundida públicamente, habrían sido organizadas por detenidos desde establecimientos penitenciarios.
La investigación avanzó además sobre un agente penitenciario sospechado de mantener vínculos con uno de los internos investigados. Se allanó su domicilio y dependencias penitenciarias para obtener elementos de prueba. Nuevamente, se trata de una investigación y no de una condena firme contra el agente mencionado. (infobae)
Pero el episodio plantea una pregunta inevitable: ¿cómo pueden desarrollarse presuntas organizaciones delictivas desde el interior de establecimientos de máxima seguridad o régimen cerrado sin que los mecanismos de prevención y control logren impedirlo?
La existencia de teléfonos, movimientos económicos y contactos con personas del exterior dentro de una investigación de estas características obliga a revisar los controles internos, la inteligencia penitenciaria y los mecanismos destinados a evitar connivencias.
Una institución que necesita explicar mucho más
El Servicio Penitenciario Bonaerense muestra también otra realidad.
Durante 2026 se difundieron desde Magdalena talleres educativos, actividades deportivas, proyectos culturales, trabajos solidarios y programas de inclusión. En septiembre, por ejemplo, la Unidad 28 celebró el primer aniversario de su pabellón literario “Palabras Vivas”; la Unidad 35 desarrolló proyectos productivos y educativos destinados tanto a las personas detenidas como a instituciones de la comunidad. (GBA)
Esas iniciativas existen y corresponde mencionarlas.
Pero tampoco pueden utilizarse para desplazar de la agenda pública los cuestionamientos graves.
Cuando simultáneamente existen investigaciones judiciales contra agentes penitenciarios, denuncias documentadas sobre atención sanitaria y causas por delitos presuntamente organizados desde el interior de las cárceles, la respuesta institucional no puede limitarse a comunicar actos, talleres, aniversarios o actividades recreativas.
Magdalena necesita información.
Necesita conocer qué controles se realizan sobre las unidades, cuántos sumarios administrativos se encuentran abiertos, qué medidas se adoptaron después de las denuncias, cómo ingresan elementos prohibidos, qué controles existen sobre el personal y qué modificaciones concretas se implementaron después de cada intervención judicial.
La responsabilidad no puede diluirse
Una cárcel es uno de los lugares donde mayor poder ejerce el Estado sobre una persona.
Precisamente por eso, el nivel de control debe ser superior y no inferior.
Quien se encuentra privado de su libertad depende del Estado para prácticamente todo: seguridad, alimentación, atención médica, comunicación, higiene y condiciones básicas de alojamiento.
Y los propios agentes penitenciarios necesitan una institución profesional, transparente y con reglas claras, porque las sospechas o conductas delictivas atribuidas a determinados funcionarios no pueden transformarse en una condena indiscriminada sobre miles de trabajadores que cumplen correctamente sus tareas.
Por eso investigar y sancionar las irregularidades también significa proteger al personal penitenciario que trabaja dentro de la ley.
Magdalena merece respuestas
El Complejo Penitenciario no es una institución distante de la comunidad. Forma parte de Magdalena, genera empleo, moviliza recursos públicos y mantiene una relación permanente con la ciudad.
Por esa misma razón, lo que sucede detrás de sus muros también constituye un asunto de interés público.
Las causas judiciales recientes, los antecedentes sanitarios y las investigaciones sobre delitos presuntamente organizados desde establecimientos penitenciarios justifican una revisión profunda de los mecanismos de conducción y control.
La sociedad no debería conformarse únicamente con comunicados institucionales.
Debe existir transparencia sobre las investigaciones, controles independientes, publicación de resultados y responsabilidades individualizadas cuando corresponda.
Porque el problema no consiste solamente en descubrir una irregularidad después de que ocurrió.
El verdadero desafío es determinar por qué pudo ocurrir, quién debía impedirla y qué se está haciendo para que no vuelva a suceder.
